Teresa Carbajal

Debo, no niego; pago, lo justo

No dejan de llegar las noticias sobre notarías, notarios, abogados, y casos de fraudes que atentan contra el patrimonio y la propiedad privada.

Los rostros y nombres de los denunciantes cambian, pues ya no son los mismos que dieron inicio a las denuncias públicas. 

También los lugares en donde se dice sucedieron los hechos; y aunque cambien los sujetos, y los objetos, el resultado sigue siendo el mismo, alguien despojado de su propiedad, sin haber firmado, sin haberlo consentido, y muchas veces sin siquiera haberse enterado. 

Habiendo de por medio una notaría que validó el acto que se tilda de fraudulento, a la que acudieron personas que resultaron ser unos verdaderos desconocidos para los quejosos, eso sí; quienes por razones -que también se desconocen-, hicieron uso de documentos para comprobar la identidad de los supuestos contratantes, y debido a ello se pudo simular el acto.

Unos documentos falsos, o hechizos, y otros obtenidos de formas que no pueden adivinarse, pero se reitera, sin que el hecho fuera de conocimiento de los defraudados; y sin la concurrencia de estos a las oficinas notariales. 

Con todo ello, resulta hoy más que nunca importante, el buscar que el notario de nuestra elección a la hora de hacer tratos, convenios, o acuerdos, sea conocido. 

¿Se acuerda que antes esto era clave y fundamental a la hora de elegir Notario?, sí, pues ya había notarios a los que solía acudirse por tradición familiar, y desde los padres, los hijos, nietos, y demás iban a éste sin dudarlo, con la certeza de ser atendidos personalmente. 

Yo me acuerdo, cuando empecé mi carrera práctica profesional, que un día me tocó ir a ver a un notario que se ubicaba en la calle de Zaragoza, aquí en Xalapa, que te recibía antes que alguno de sus gestores, secretarios, ayudantes o escribientes, para preguntar cuál era el acto jurídico que querías otorgar. 

Hacían muchas preguntas, revisaban documentos, te decían si se podía, y cuanto costaba, también si es que faltaba alguno de los requisitos.

Otro que también me atendió de la misma forma pero allá en Coatepec. Ambos a la fecha finados, pero recuerdo muy bien, esa forma de atención al público, no tenían mucho personal, o por lo menos no estaba a la vista, porque siempre pasabas con ellos, primero a exponer el caso. 

Es más, si no mal recuerdo, creo que hasta ellos te hacían el cálculo del costo y valor de la operación, y de los impuestos a pagar, así como las prevenciones de la forma en que debía hacerse dicho pago.

Después de eso algunos notarios se volvieron in-visibles, o no visibles, ¡es cierto!, ahora tu sabes a qué notaría vas por el número, pero es raro que se pida hablar con el Notario, y que sea él o ella personalmente quien te de la atención. 

Es verdad que la carga de trabajo, y el número de asuntos, y las necesidades de la sociedad han aumentado, y que sería muy difícil que una sola persona pueda atender toda la demanda de trámites que llegan a sus espacios. 

Sin embargo a raíz de los últimos acontecimientos y hechos que se han vuelto públicos, y virales; es muy necesario que el notariado, tome cartas en el asunto, respecto a los cambios que deben aplicar para evitar que se sigan dando los casos de fraudes en estos espacios, y quizá variar la forma de recibir a las personas.

La Fe pública, es importante, necesaria, noble, y debe volver a sus orígenes y a la esencia misma de las causas por las que comenzó a hacerse necesario este servicio a la ciudadanía, delegado del poder del estado y de la necesidad de certificar y dar validez a los actos jurídicos que se encuentran determinados por las normas. 

Por nuestra parte como usuarios, también es importante no olvidar algún par de recomendaciones que nos den tranquilidad a la hora de buscar fedatario público. 

Primero, vuelvo a la sugerencia ya dada, preferir a alguien que sea conocido nuestro o por lo menos que no sea tan desconocido. 

Revisar que dicha notaria no tenga en sus antecedentes algún señalamiento público o advertencia, por hechos comprobados que den mala nota de su actuar. 

Pedir hablar directamente con el titular de la Notaría Pública, antes de pasar con alguien más, eso nos da la confianza de saber que nuestro trámite se hará de la mejor forma, y con quién acudir en caso de alguna anomalía.

Procurar acudir en compañía de alguien más, un familiar o persona de mucha confianza, por si hubiera algo que sea difícil de comprender. 

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