Inocencio Yañez Vicencio
Para Félix Lucio Fernández Gamundi, el más limpio e incorruptible líder del 68, vecino y amigo.
Que difícil es hablar de un movimiento de voces tan dispares. Dicen que no obstante que sin testimonios no hay historia, la mejor es la que se realiza desde fuera, porque el protagonista siempre hará hasta lo imposible por universalizar lo particular, con lo cual termina sesgándola. Y miren si no. No hace mucho me reuní con compañeros dirigentes del turno matutino de la Vocacional número 5 del IPN ( yo estudiaba en el turno vespertino) y cada quien daba su versión. Coincidían en todo, menos en que si habían penetrado o no los granaderos al plantel. Guillermo del Río afirmaba que si lo habían hecho, pero Miguel Ángel Partida, con todo y que hay fotos que documentan la entrada de la policía al edificio de la Ciudadela, lo negó. Miguel Ángel Partida, relató que no estando mi amigo Arturo Aparicio Ponce, que era el secretario general de la sociedad de alumnos de la mañana, él trató de disuadir a los granaderos, pero ante la respuesta iracunda de las bases estudiantiles, se salió del control y hasta él fue remitidos a los separos. Todavía en ese momento no empezaba la consignación pero algunos pasaron varios días y más se complicó conforme el movimiento fue tomando forma.
Los granaderos intervienen el 22 de julio de 1968 ante un pleito entre mi escuela y la preparatoria particular Isaac Ochoterena, que era una escuela pequeña que fue azuzada por las pandillas los Araños y los Ciudadelos.
Por la tarde de ese 22 de julio, nos reunimos en el Cuadrilátero del Casco de Santo Tomás un contingente, encabezado por Francisco Hernández, presidente de la sociedad de alumnos de Voc 2, localizada ahí en la Ciudadela, que también fue agredida, para protestar por una autonomía de hecho, que legalmente no tiene hasta ahora el Politécnico. Pero como llovió, se suspendió. La manifestación de desagravio la programó José Rosario Cebreros Manjarrés, Presidente de la otrora poderosa Federación Nacional de Estudiantes Técnicos ( FNET ), para el 26 de julio, pariendo del Monumento de la Revolución al Cuadrilátero del Casco de Santo Tomás. Al terminar la marcha se sube mi amigo Efrain García Reyes, distinguido espartaquista, y arenga al contingente a irse al Hemiciclo a Juárez, para juntarse con la marcha conmemorativa al inicio de la Revolución cubana, que partía de Él Salto del Agua a la Alameda Central, convocada por el Partido Comunista Mexicano y organizaciones afines, que a su vez, es conducida para llevar su protesta hacia el Zócalo, pero al llegar a las calles de Palma, una calle antes de la Plaza de la Constitución, es atajada la marcha y reprimida. Cómo puede verse el movimiento nace totalmente en el Politécnico.
Ante la represión que sufren los politécnicos, las escuelas de la UNAM, empiezan a solidarizarse y entran al movimiento después que la Preparatoria de San Idelfonso, localizada cerca de Palacio Nacional, sufre el derrumbe de su puerta principal por un bazucazo, dando lugar a la famosa marcha del Consejo Universitario, encabezada por Javier Barros Sierra, que había perdido la candidatura presidencial con Gustavo Díaz Ordaz, marcha para protestar por la ruptura de la autonomía universitaria.
Días antes del 26 de julio, el Politécnico, eligió su delegación para asistir al IX Congreso de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, por celebrarse en Sofía Bulgaria. Esa delegación la partimos. Unos se fueron con el ala progobiernista que se reunía en la CJM con Celso Delgado y los pepinos y otros decidimos integrarnos al comité preparatorio que estaba en la de Mérida, Colonia Roma, de la Juventud Comunista, que lideraba Pablo Gómez. Para el 26 de julio , nosotros ya estamos en Sofía Bulgaria. Me toca acompañar a Pablo Gómez a una cabina telefónica, que al terminar me entero, porque él exclama » estos troncos». Casi se me cae una caja de medicamentos que Pablo me había dado a cargar.
Al regresar los miembros de la juventud comunista todavía tienen su CNED y se incorporan a la lucha. Yo tardo en incorporarme porque el turno vespertino de la Vocacional número 5, fue ganado por un grupo de sinaloenses, patricinado por su gobernador Leopoldo Sánchez Celis y que se transformó en Comité de Lucha, cerrándose a los miembros de la FNET. En el Politécnico la lucha inicia dirigiendo todas las baterías contra la FNET, bajo la acusación de que su Presidente José Rosario Cebreros, había pedido al Jefe de la policía de la Ciudad de México, el día que se llevaron a los estudiantes del Cuadrilátero al Hemiclo a Juárez, que los reprimiera. Versión que hizo odiosa a la FNET y que en horas la desplomó. Pasados los años y vueltos los ánimos a su nível, el más crítico y estudioso del movimiento del 68, Gilberto Guevara Niebla, testifica, respecto al plan de choque que: » El plan fue maquinado ante los líderes de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos. De última hora , en gesto que les honra, su presidente José Cebreros, rechazó la conjura, lo cual desencadenó el furor del ingeniero Jesús Robles Martinez, sus allegados y los priístas que ahí lo repudiaron». Por esa calumnia José Rosario Cebreros Manjarrés, sufrió el escarnio y los politécnicos se quedaron sin organización, vacío que después fue llenado por los porros, que antes eran marginales, crearon la Federación de Estudiantes Politécnicos, que acabó por sembrar más confusión y rechazo a la organización, cualesquiera que fuera.
En ese mismo libro, Guevara Niebla, nos dice que: La intransigencia rompió todo límite: cuando alguien se apropia de la verdad y mata a otro porque no piensa igual ya todo está perdido ( está expresión no se distingue de las que realizaron los » camisas pardas» de la Alemanía Nazi).
La comunidad estudiantil del Politécnico era plural. Homeopatía, con el Toto Tordecillas, estaba controlada por Sánchez Celis. La Voc 5, igual. Por cierto los principales dirigentes del turno vespertino del Comité de Lucha, Alanís, Alonso, Gaspari… Terminaron tertriticamente: Alanís intoxicado se lanzo de un segundo piso y a consecuencia de ello murió años después, Alfonso, murió al caer de un camión que se dirigía a un encuentro de Americano. Gaspari murió de teporocho. El único que se salvó fue mi amigo Roberto Guízar, de la juventud comunista, que no hace unos años lo ví y me dijo que era director de la Facultad de Economía de Toluca.
Don Eugenio Mendez tenía su grupo, Corona del Rosal tenía líderes que controlaba, Jesús Robles Martinez, era el patriarca. El Partido Comunista tenía su influencia. Hasta la masonería. El Presidente de la sociedad de alumnos de Economía, era mi entrañable amigo Fernando Hernández Zarate, que siempre le agradeció a Fidel Herrera, que lo ayudara a que no hubiera más persecusión contra él, porque no estuvo preso, pero andaba huyendo.
El que ganara una elección, por la diversidad de grupos, siempre quedaba en minoría, por eso fue fácil desconocer a todos los directivos y transformar las asociaciones en Comités de Huelga. En la mayoría de las secuelas la elección se hacía entre alumnos de otras escuelas. Nadie que no fuera partidario podía hacer uso de la palabra. Nada de democracia. Eso era un valor y mecanismo burgués.
Por mi paso en la huelga que hice en mi secundaria, por las luchas en que estuve en el 67 en Juchitán, con un compadre de Marcos Salas, en Ciudad Mante, en Puebla, en Tlaxcala, en Tabasco, dónde esa movilización contra el gobernador Manuel R. Martínez, unió al pueblo y fue apagada con muertos, que por cierto ahí veíamos todos los días a Toledo, que después del 2 de octubre sería ascendido, puedo decirles, que el mayor riesgo del asambleismo es que ahí no gana el argumento sino el radicalismo, que presente la propuesta más radical, como aquello de diálogo público y emplazar al Presidente Díaz Ordaz, a que rindiera su informe ante los estudiantes.
Hay mucho que aprender de lo que dice en su libro 1968, Largo Camino a la democracia, Gilberto Guevara Niebla, principalmente, a no pedir el patíbulo para quienes tienen opiniones diferentes, porque como dijera Bobbio, no es el consenso el eje de la democracia sino el disenso.




