Sergio González Levet

Sin tacto

Son las dos alcaldesas emanadas de Morena más importantes. Una, de la capital; la otra, de la ciudad históricamente más importante.

     Y aunque tienen el mismo origen partidista, en la realización operativa de sus respectivas personalidades son distintas, qué digo: diametralmente opuestas.

     Rosa María Hernández Espejo se dio tiempo para estudiar dos carreras, una en educación y la otra en comunicación en la UV. Se forjó en la reporteada inmisericorde. Supo de los bajos dividendos y del mucho trabajo; de horarios draconianos, de jornadas agobiantes.

     Daniela Griego Ceballos conoció el crisol ideológico de la Facultad de Humanidades en Xalapa. Inició cientos de marchas desde San Bruno hasta la Plaza Lerdo. Gritó consignas y condenó abusos de las autoridades.

     La alcaldesa de Veracruz inició su carrera política en el PRD premorenista, con Andrés Manuel López Obrador como dirigente nacional (1996-1999) e hizo una ingente carrera política en la zona conurbada, hasta que en 2018 se inscribió en Morena como candidata. Desde ese entonces, fue una figura importante, protagónica de Veracruz en la Cuarta Transformación.

     La presidenta municipal ateniense fue una de las primeras diputadas locales de Morena en 2016, pero antes incursionó en muchas organizaciones sociales. La Matraca y MAÍZ son las más relevantes, pero su participación popular quedó grabada en infinidad de eventos y acciones a lo largo de su carrera política.

     Rosa María tiene un carisma natural. Es conocida por el público jarocho en parte debido a su trabajo en medios masivos de comunicación, pero también ha dejado su impronta en las colonias marginadas del Puerto por su presencia constante como militante, como regidora, como diputada, como munícipe ahora. La relación con la gente se le da de manera natural. Es cálida y cercana, y la reconocen como parte de la comunidad.

     Daniela tiene un problema de comunicación con la gente, que trata de solucionar a fuerza de visitas domiciliarias, encuentros vecinales, recorridos a pie por las calles, reuniones abiertas al público. Sin embargo, no logra conectar debidamente por un rasgo de su carácter serio y callado.

     Rosa María tiene una aceptación muy alta en las encuestas mandadas por Morena y una simpatía relevante en los estudios de medición de empresas independientes. Aprueba satisfactoriamente con los ciudadanos en esa forma de encuesta que es la opinión popular recogida por los reporteros de los medios de comunicación, y refrenda su calificación con la buena imagen que mantiene mayoritariamente en las benditas/malditas redes.

     Daniela pasa con buenos números en las encuestas oficiales, pero en las mediciones privadas pierde una buena cantidad de puntos al grado de que aparece con calificaciones reprobatorias. Y se derrumba estrepitosamente en las redes, en donde le atizan muchos comentarios en contra por su alejamiento con el pueblo y sus acciones impopulares como autoridad municipal.

     Una cumple su función y es aceptada; la otra cumple a medias y por eso no la quieren.

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