Sergio González Levet

Sin tacto

Ya sé que cualquier seguidor del lopezobradorismo se apegará al manual y empezará diciendo que los priistas y los panistas también lo hacían, lo que es verdad, pero añadirá de su cosecha que aquéllos robaban más, lo cual está por comprobarse.

     Me refiero al asunto de las partes de su salario que empleados de las oficinas públicas tienen que dar a sus jefes para conservar el empleo, de por sí mal pagado. Es una fea costumbre que ciertamente se llegó a dar en los tiempos de la dictadura perfecta y del panismo imperfecto, pero en la era de la Cuarta Transformación se diseminó por casi todos los vericuetos de la administración, según han venido acusando muchos burócratas en redes.

     En Veracruz, el tema se volvió viral a partir del señalamiento de un extrabajador de la Legislatura estatal, el fotógrafo y usuario de redes José Alberto Flores Hernández -conocido como Pepe Flores-, que había sido contratado por recomendación de la diputada local Dorheny (García) Cayetano. El influencer acusa que del sueldo que recibía de alrededor de 20 mil pesos mensuales, tenía que entregar a la secretaria de la honesta diputada nada menos que 14,600 pesos, lo que representa el ¡73 por ciento de su salario asignado! Y le decían que era para pagarle a otros colaboradores, lo que nunca vio que sucediera, de ahí la sospecha de que la Dore se quedaba con el producto ordeñado.

     Lo que son las cosas, hace un siglo los revolucionarios mexicanos que representaban a la izquierda nacional luchaban porque se respetaran los emolumentos de los trabajadores, y elevaron a categoría constitucional esa solicitud apenas ganaron la guerra contra el dictador Porfirio Diaz y el usurpador Victoriano Huerta.

     Una de las exigencias era que desaparecieran las tiendas de raya de las haciendas, que esquilmaban a los campesinos, y en nuestra Carta Magna quedó consignado que el pago al trabajador era sagrado, intocable y tenía que ser íntegro.

     Con sus idas y sus vueltas, los patrones respetaron cuando menos la exigencia de entregar en tiempo y forma el sueldo, completo, y se convirtió en una garantía sumamente vigilada.

     Y ahora resulta que los izquierdistas de este siglo XXI, como se autodenominan los seguidores de AMLO, volvieron a desinmacular el salario bendito de los trabajadores. En lugar de la tienda de raya, muchos funcionarios del cambio, traidores a la patria y a sus conciencias, inventaron el moche como una costumbre letal y extendida en contra de los integrantes de la burocracia.

     El rumor dice que los moches florecieron sobre todo en el Gobierno de Cuitláhuac García, y no es gratuito que las dos diputadas hasta ahora señaladas de exigirlos (Dorheny y Victoria Gutiérrez) provienen del grupo cercano del criticado gobernante.

     Mucho habrá que explicar la 4T y tendrá poner en orden (¿y en prisión?) a sus desbocados funcionarios que creen que pueden esquilmar a pueblo, y que la ley no es la ley.

sglevet@gmail.com