Salvador Muñoz
Los Políticos
Los ingenios azucareros de Veracruz parecen tener su propio santoral: San Pedro, San Cristóbal, San Nicolás, San Miguelito, San José de Abajo, San Francisco El Naranjal… entre tantos santos, vírgenes y advocaciones, a la industria cañera sólo le falta organizar procesión.
Y para algunos, quizá pronto haya que agregar una santa nueva: Santa Rocío. Serenos morenos! Todavía no prendan las veladoras.
Si la GoberNahle logra evitar el cierre del ingenio San Pedro, en Lerdo de Tejada, habrá conseguido algo mucho más importante que rescatar una fábrica: habrá evitado que una decisión empresarial arrastre consigo la economía de miles de familias de Los Tuxtlas.
Para Grupo Porres parece simple cerrar el ingenio y apagar las calderas… lo complicado es lo demás que se apaga: Se apaga el ingreso del obrero; se queda sin corte el jornalero; pierde carga el transportista; el productor se pregunta dónde colocará su caña, y alrededor comienzan a resentirlo talleres, refaccionarias, comercios, fondas y prácticamente toda una economía construida durante décadas alrededor de la zafra donde San Pedro tiene más de dos siglos formando parte de esa historia.
La GoberNahle entendió desde el principio que éste no era simplemente un pleito entre Grupo Porres y sus trabajadores. Es un problema de Estado.
Y aquí aparece algo que empieza a caracterizar a la Gobernadora: meterse en problemas que bien podría observar desde lejos argumentando que no corresponden directamente al Gobierno estatal.
Lo hizo cuando un proyecto federal pretendía colocar dos nuevas casetas de peaje (Fortín II y San Cristóbal) sobre la autopista existente en la región de las Altas Montañas, defendiendo el libre tránsito tras la eliminación de la antigua caseta de Fortín; ha empujado obras y modernización de carreteras y caminos, además de proyectos estratégicos de conectividad; moderniza al transporte público con los Ulúa, Atenas y demás Nahlebuses; y consiguió quitar a los municipios la piedra financiera que durante años significó la bursatilización. Ahora, se metió al ingenio. Y vaya ingenio en el que decidió meterse.
San Pedro ya sobrevivió incluso a una expropiación federal en tiempos de Vicente Fox y posteriormente regresó a manos privadas. Hoy Grupo Porres argumenta que mantenerlo requiere inversiones por cientos de millones de pesos y que, bajo las condiciones actuales, su operación resulta inviable. Puede tener razón la empresa.
Pero también tiene razón el Gobierno cuando pregunta si cerrar es realmente la única salida… Hay instalaciones. Hay trabajadores. Hay productores. Hay caña. Hay una región entera dependiendo directa o indirectamente de esa actividad.
Entonces antes de ponerle candado a la puerta habrá que sacar cuentas.
Nahle incluso canceló compromisos en la Ciudad de México para estar con los trabajadores. Mientras tanto, el propietario andaba por Europa. Cada quien atiende sus prioridades.
Por lo pronto, el Gobierno estatal comprometió apoyos alimentarios para quienes están padeciendo la falta de pago mientras continúa tocando puertas con la Federación, revisando números y buscando alternativas para que San Pedro siga moliendo, porque mientras los técnicos discuten millones, rentabilidad, mantenimiento, seguridad industrial y viabilidad financiera, hay familias preguntándose qué van a comer la próxima semana. Ése es el verdadero problema.
No se trata de regalar dinero público a una empresa privada ni de convertir al Gobierno en industrial azucarero. Se trata de encontrar una salida que permita conservar una actividad económica fundamental y, si Grupo Porres ya no quiere continuar, explorar seriamente quién sí puede hacerlo, como dice la GoberNahle.
El rescate todavía no está conseguido por eso no hay milagro que celebrar, pero si dentro de algunos meses vuelve a salir humo de las chimeneas de San Pedro, regresan los obreros, entran los camiones cargados de caña y comienza otra zafra, la GoberNahle podrá sumar este episodio a varios golpes políticos y administrativos de su gobierno y entonces sí, que San Pedro nos perdone, pero habrá que hacerle espacio en el altar a Santa Rocío, patrona de las causas que parecían perdidas.




