Jorge Ramón Rizzo*
Focus Group
El proceso de selección para las coordinaciones estatales de la defensa de la transformación, que es la antesala formal a las candidaturas gubernamentales de la coalición oficialista, ha reabierto una vieja herida en el flanco izquierdo de la alianza: la marginación sistemática del Partido del Trabajo (PT).
La maquinaria electoral que consolidó la hegemonía de la llamada Cuarta Transformación (4T) en México enfrenta sus fisuras más visibles en el camino hacia los comicios intermedios de 2027. Aunque las cúpulas partidistas insisten en discursos públicos de unidad inquebrantable y respaldo absoluto al proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum, tras bambalinas la realidad es de fricción real.
Y es que, al momento de definir los nombres que encabezarán los esfuerzos en las entidades federativas, los aspirantes del PT han sido sutil o abiertamente relegados, dejando el camino libre a las estructuras del partido gobernante o, peor aún, a recién llegados de lo que podríamos catalogar como ‘oportunismo electoral’.
Al no contemplar a sus cuadros en las decisiones definitivas, la cúpula de la transformación envía un mensaje de cruel y despiadado: El PT es necesario para votar las reformas en el Congreso y para aportar votos en la boleta, pero prescindible a la hora del reparto de las gubernaturas. Y eso ya tiene al dirigente petista Alberto Anaya en pie de lucha y con una posible guerra civil en la arena política nacional.
Es evidente que la alianza legislativa y electoral entre el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el PT y el PVEM, ha entrado en una fase de compleja renegociación impulsada por el instinto de supervivencia, donde el PT marca una visible distancia y el Partido Verde se consolida como un jugador bisagra de alto costo.
A medida que el proceso de las elecciones intermedias de 2027 avanza en el tablero nacional, la narrativa oficialista de una coalición cohesionada por la ideología cede el paso a una cruda contienda de intereses. Morena ya no trata con partidos satélites dóciles, sino con organizaciones conscientes de su valor numérico en el Congreso y de aspiraciones reales en la búsqueda de gubernaturas.
El malestar del PT por no ver reflejado su capital político en el proceso de selección de las Coordinaciones Estatales de la Defensa de la Transformación rumbo a las elecciones locales en 17 estados se ha concentrado en entidades clave del mapa electoral, como Aguascalientes, Campeche, Colima y Guerrero.
El caso Guerrero: El lunes anterior la dirigencia estatal del Partido del Trabajo a cargo de Victoriano Wences Real desconoció a la senadora Beatriz Mojica como la coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y virtual candidata de Morena a la gubernatura de Guerrero. En una señal inequívoca de malestar político.
También Colima: La postulación de Rosa María Bayardo generó un vacío similar por parte del partido de la estrella. Los cuadros petistas optaron por no acompañar el anuncio oficial, dejando en evidencia que consideran que las encuestas son utilizadas únicamente para convalidar estructuras previamente decididas por el partido de Claudia Sheinbaum.
Factor Layda en Campeche: Tras nombrarse a Pablo Gutiérrez Lazarus como coordinador tras una encuesta interna cuyos datos específicos no fueron hechos públicos, el PT local le retiró su respaldo explícito, negándose a validar el evento de presentación en la Ciudad de México y acusando una falta de inclusión real de sus aspirantes. Hasta Palacio Nacional ha llegado el dato fehaciente del ‘Factor Layda’ como trasfondo en la ruptura del PT con la 4T en Campeche.
Ignorados en Aguascalientes: En esta entidad, la dirigencia nacional oficialista entregó la constancia a la senadora morenista Nora Ruvalcaba. La militancia y los representantes locales del PT tampoco asistieron al acto protocolario de entrega, manifestando su evidente distanciamiento ante una designación cupular que ignoró sus propuestas.
Mientras que en otros estados como Veracruz la insatisfacción y el desgaste provocaron que el PT tuviera que disolver su figura de dirigencia estatal única, donde Vicente Aguilar renuncia para sumarse a Morena, lo que llevó a don Beto Anaya a transitar a un modelo de coordinaciones regionales colegiadas, en un intento por contener la fuga y renuncia de alcaldes y regidores petistas que también decidieron migrar directamente a Morena ante la falta de garantías políticas para las siglas del PT. Mientras que en Tamaulipas Arcenio Ortega, ha alzado la voz públicamente exigiendo un trato de igualdad, sentenciando de forma tajante que, si bien caminan en alianza, «empleados de Morena no somos». Esto surge ante el temor fundado de quedar borrados de los acuerdos.
Hasta ahora el partido del Profe Anaya no se ha beneficiado por la designación de ninguno de sus aspirantes a las candidaturas a las gubernaturas en juego. Y en contraste, reclaman desde el petismo, al otro aliado de la coalición de la 4T, al Partido Verde, que ya le entregaron una postulación en Quintana Roo, a Gino Segura Vázquez, el operador de la gobernadora Mara Lezama.
*Periodista/Tlaxcala




