Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde A Janela
De acuerdo a los datos de la encuesta intercensal de 2025 publicados por el INEGI México alcanzó los 131 millones de habitantes, mismos que lo colocan como el onceavo mayor país del mundo y el tercero en el continente americano.
Así es, México es un país grande y no solo eso, también cuenta con un territorio vasto y muy variado, también muy pocos países en el mundo pueden presumir esa característica.
Y sumado a lo anterior, México tiene una posición geográfica envidiable, ya que forma parte de la región económica más grande del mundo, Norteamérica.
Por todo lo anterior es bastante razonable sostener que México es, valga la redundancia, una potencia en potencia.
Así es, tanto las condiciones naturales como las económicas están dadas para tener un país entre los principales del planeta, ya que contamos con una población muy grande y una excelente ubicación geográfica.
Sin embargo, el principal obstáculo que tenemos para ser un país plenamente desarrollado se encuentra en la cultura que desde la más tierna infancia nos han inculcado.
Y es que somos un país que mira al pasado, y lo peor, a un pasado tergiversado en donde se idealizan los tiempos más aciagos y se desprecian a los que hubo más progreso.
Así es, nuestras glorias se basan en la brutalidad y el terror de la época prehispánica y en las cruentas y muy largas y cruentas guerras civiles que nos han desangrado; porque eso fueron la de Independencia, la de Reforma y Segundo Imperio y sobre todo la llamada Revolución Mexicana.
En cambio, poco o nada se enseña sobre las épocas de esplendor, mismas que comprenden todo lo que quedó fuera de los periodos de guerra.
Por ejemplo, en la Nueva España hubo un gran desarrollo económico, cultural y artístico en la que comunidades enteras salieron de la pobreza y aprendieron las mejores tecnologías de su época; también se crearon universidades y centros culturales.
En la época porfiriana se desarrollaron las comunicaciones y muchas industrias y todavía después de la guerra civil, mal llamada revolución (no revolucionó gran cosa), hubo un periodo que se llamó de desarrollo estabilizador en la que el Estado llegó a desarrollar e implementar muchos servicios para la población.
Desde luego que no todo fue perfecto en esas épocas, los idilios no existen, pero en general el balance resultó mucho más favorable para la evolución del paísque los de las sangrientas guerras intestinas que tanto se alaban.
La consecuencia de mirar al pasado más violento y de ignorar al más venturoso la observamos hoy en día en cuestiones que parecen simples, pero que revelan una de las principales razones por las que no llegamos a ser la potencia que debiéramos de ser.
Un ejemplo claro de ello consiste en que mientras el mundo desarrollado está viendo en donde poner o no centros de desarrollo para la inteligencia artificial, nosotros seguimos discutiendo quienes son o no traidores a la patria, quienes defienden la soberanía nacional y quienes buscan la injerencia de gobiernos extranjeros.
Y esto seguirá sucediendo mientras sigamos exaltando a las épocas de desgracia y menospreciando a las de progreso.
Así que es necesario replantear los modelos educativos y dar menos espacio a Juárez o a Pancho Villa y más a Fray Junípero Serra o a José Yves Limantour.
X: @FelipeFBasilio




