Sergio González Levet

Sin tacto

—¿Has leído los libros de Sherlock Holmes escritos por sir Arthur Conan Doyle, querido Salta? —me dijo el Gurú a modo de saludo cuando llegué a su mesa en el café.

—Claro, maestro, desde Un estudio en escarlata escrito en el siglo XIX hasta El valle del terror, publicado en el siglo XX, y la media centena de relatos cortos que hizo sobre el detective —le contesté en plan de medo erudito.

—Recordarás entonces que en varias historias, digamos cuatro, aparece el hermano mayor del detective, llamado Mycroft Holmes, que era mucho más inteligente que aquél y con muchas mayores capacidades de deducción, aunque totalmente alejado de la convivencia social. El sabueso londinense acude varias veces a su consanguíneo para que lo ayude a resolver casos que le resultan de difícil solución, y el tipo resuelve los casos con una enorme facilidad —me detalló el maestro, y continuó:

—Pues debo confesarte que yo tengo mi propio Mycroft, aunque es una hermana y menor que yo, pero que usufructúa y es propietaria de una inteligencia que rebasa todos mis esfuerzos intelectuales.

—Pues debe ser una persona extraordinaria, dado que usted reconoce su superioridad mental —exclamé con la curiosidad latiendo ya a flor de piel.

—Lo es, y además excepcionalmente hermosa, con unos rasgos y una presencia que se acompañan de una mirada profunda y diáfana al mismo tiempo, si me permites la contradicción literaria. Nuestro padre, que aún nos vive y es medio vidente, le puso como nombre “Marcroft”, en alusión al hermano Holmes que se situaba por encima del genial detective.

—Pues Mar, como le digo hipocorísticamente, llegará mañana a la ciudad, recién desempacada de un viaje por el Viejo Mundo, que hizo para visitar en Bonn la casa de Ludwig van Beethoven y llenarse del ambiente hogareño en el que el enorme sinfonista compuso una buena cantidad de sus obras, particularmente la inmortal Novena Sinfonía —me contó el pensador.

—Pero también estuvo en Inglaterra —prosiguió informándome— con un motivo igualmente musical, aunque un poco más mundano, pues fue a Londres con el principal objetivo de tomarse una cerveza Stout en el bar Hawley Arms, ubicado en el fresísimo barrio de Camden Town, que era ni más ni menos el lugar que frecuentaba Amy Winehouse. Mi querida hermana es una devota seguidora de la cantante que perdió la vida tempranamente (aunque todas las muertes lo son, por más años que pueda tener el difunto) a los 27 años, como tantos otros músicos importantes (Jimmy Hendricks, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain de Nirvana y Brian Jones de los Rolling Stones).

—Seguramente traerá muchas cosas interesantes que platicar de su visita por el Viejo Mundo —le comenté, un poco con el fin de que me invitara a conocerla.

—Mañana la traeré al café y podrá platicar con ella y sorprenderte —concedió para mi regocijo el Gurú.

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