Uriel Flores Aguayo
Ese hubiera es también ilusión de un pasado que pudo ser mejor. Es cierto que los hubiera no existen en general, pero tiene concreción en lo particular. Lo tomo como la posibilidad que no se dio. Hablo de la Xalapa en las cuatro o cinco primeras décadas del siglo pasado. Esa cuyo centro histórico fue modificado arteramente: se ampliaron sus calles y se arrasaron casonas antiguas. Fue una idea dominante de la modernidad; pienso que ganó el afán de riqueza en algunas familias que levantaron edificios cuadrados y de concreto. Lo que quedó en pie no es menor, se puede disfrutar, pero está aislado. Hay algunos tramos de ciertas calles que muestran el señorío de aquellos tiempos. Por eso el hubiera, porque se vale soñar y lamentar. Sin llegar a la belleza de las poblaciones con minería en la época virreynal o con fuerte actividad textil, Xalapa tuvo todo en arquitectura y movilidad para ser una ciudad plenamente de tipo colonial. De haber conservado sus condiciones originales ya como villa y ciudad simplemente sería un lugar de ensueño a nivel de Oaxaca, Querétaro o Morelia, por ejemplo. No lo somos. Se cometió el gravísimo error de priorizar el negocio sobre la belleza y nos quedamos con un centro histórico de contrastes y retazos. No se puede decir que lo perdimos todo, algo se conserva, pero viendo las fotografías de aquella época nos queda la sensación de pérdida y fracaso. Si Xalapa agrada en niveles de sorpresa a paisanos veracruzanos y visitantes del país, así como está, imaginemos el impacto y atractivo que tendría de haberse conservado sus calles angostas y sus casonas tipo colonial y mexicano. Es una pena. Queda cuidar lo que se mantuvo erguido y bello, y apreciar ese pasado perdido en las fotografías que son altamente valoradas. Nada va a regresarnos aquella realidad. Sin embargo, la más profunda autocrítica y reflexión sobre lo que fuimos, somos y queremos ser nos dará mayor cohesión como sociedad y un rumbo común. Hablo, por supuesto, de la arquitectura, las calles y los espacios públicos. La añoranza debe ir en positivo. Xalapa es nuestra casa común y, como tal, necesita de la voluntad generosa de todos y todas.





