TRANSPORTISTAS Y AGRICULTORES: DEMANDAS URGENTES

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Agustín Torres Delgado
Pa Vivir a Gusto

Otra vez las carreteras del país detenidas. No es la primera vez y todo parece indicar que tampoco será la última. El paro de agricultores y transportistas que detuvo esta semana el tránsito en las carreteras no surgió de la nada ni es un capricho: es el resultado de años de tensiones que este importante sector, tan relevante en la economía nacional, ha acumulado y pocas veces se le ha escuchado con seriedad.

Para llegar aquí tuvieron que pasar años y, para entender el momento, basta con que miremos atrás: los transportistas han enfrentado el alza constante en los combustibles, el incremento en el costo de mantenimiento, peajes cada vez más caros y, lo más grave, la inseguridad en las carreteras. Todos los días, sus viajes transcurren entre robos, extorsiones y violencia; son parte de sus horas al volante. A todo esto, se suma que el diálogo con las autoridades (si es que lo hay) es poco efectivo al traducirse en soluciones.

El paro no es solo una medida de presión: es un grito a muchas voces de “¡basta ya!”, la protesta de quienes trabajan mucho para ganar poco y arriesgan todo en el camino.

Las demandas son claras y justas: mayor seguridad en las carreteras ante el aumento de robos, homicidios y extorsiones; reducción de los costos del combustible o apoyos que compensen la volatilidad; freno a la corrupción en los retenes; tarifas más justas en los peajes; mejores precios para el maíz y el sorgo, y mayores apoyos al campo. Reclaman también respeto: ser tratados como una de las piezas clave en la cadena productiva del país.

Este paro debería preocupar a más de uno. Cuando transportistas y agricultores se detienen, no solo se afecta una ruta de entrega o un día de siembra: se para todo; el campo, el mercado y, además, se encarece todo. Un día de retraso representa pérdidas significativas para todo el sector.

Es fácil, desde afuera, ver el paro como una situación molesta: carreteras bloqueadas, retrasos, caos, pero sería un error si nos quedamos solo con eso. No debemos olvidar que detrás de los reclamos hay muchas historias de esfuerzo, hombres y mujeres con largas jornadas de trabajo. Muchos de ellos pasan más horas en carretera que en su casa; sostienen familias completas con un oficio difícil, poco reconocido y en el que muchas veces arriesgan hasta la vida.

Mostrarles apoyo no quiere decir que ignoremos los inconvenientes que generan sus protestas, significa que podemos ser empáticos, que tratemos de entender su lucha porque es reflejo de problemas estructurales que nos afectan a todas y todos. Apoyar a transportistas y agricultores en este contexto es reconocer que ambos sectores están conectados por una misma y triste realidad: producen y mueven bienes en un país que les responde con falta de apoyo, dificultades y, a veces, la muerte.

El reto para las autoridades no es menor. Más allá de las mesas de diálogo, de las que las organizaciones dicen que ya están cansadas porque no llevan a nada, se requiere verdadera voluntad política, soluciones concretas y, principalmente, que dichas soluciones se proyecten en lo inmediato, a mediano y largo plazo. Es urgente hacerles saber que no están solos, que son escuchados, pero que su voz tiene eco en acciones reales y visibles.

Recientemente, en un texto, cuestionamos: ¿quién defiende al campo en México? Esta reacción de transportistas y agricultores tiene mucho que ver con esa pregunta. No sienten respaldo de sus gobiernos locales, no hay muestras de apoyo del Poder Legislativo, no sienten respaldo del gobierno federal; qué les queda sino salir a gritar con la esperanza de que alguien, por fin, los atienda.

Hacemos un llamado a todos los involucrados a no minimizar la problemática, porque sí existe: es su realidad del día a día. Hay cifras de sus pérdidas económicas; hay cifras también, lamentablemente, de las pérdidas humanas. Minimizarlo solo abona a no solucionarlo. Asimismo, llamamos a las autoridades a no hacer uso de la fuerza para reprimirlos en sus legítimas protestas.

Si en verdad se les quiere apoyar y los gobiernos, federal y locales, tienen voluntad, es clave impulsar soluciones que combinen apoyos económicos con innovación y colaboración: facilitar créditos accesibles y seguros; modernizar la infraestructura logística y rural para reducir costos y tiempos; promover energías limpias que cuiden la tierra y el combustible; fortalecer cooperativas que les permitan negociar precios justos, y resolver el tema de la inseguridad a la brevedad.

Escucharlos no es concesión, es una necesidad urgente.

Agustín Torres Delgado

Secretario General de Acuerdos

Movimiento Ciudadano