María Luisa Bandala Pantoja
La voz de la Inclusión
Cada tercer domingo de junio en México celebramos el Día del Padre, una fecha para reconocer a quienes han desempeñado ese papel en nuestras vidas. Sin embargo, entre las felicitaciones y los mensajes que acompañan esta celebración, existen historias que rara vez encuentran espacio en la conversación pública.
De acuerdo con datos recientes del INEGI, en México viven alrededor de 9.5 millones de personas con discapacidad, de las cuales aproximadamente 4.4 millones son hombres. En Veracruz, cerca del 8 % de la población reporta alguna discapacidad, una cifra superior al promedio nacional. Sin embargo, no existen datos específicos que permitan conocer cuántos hombres con discapacidad son padres. Esta ausencia de información deja fuera de las estadísticas una realidad que forma parte de miles de familias mexicanas y que pocas veces se visibiliza cuando se habla de la paternidad.
Para la elaboración de esta columna realicé entrevistas y una breve encuesta a padres con diferentes tipos de discapacidad, quienes señalaron dificultades para acceder y mantenerse en un empleo formal. También compartieron experiencias relacionadas con demandas de manutención y la forma en que han respondido dentro de sus posibilidades económicas.
Para muchos de estos padres, el principal obstáculo es el empleo, ya que no solo implica acceder a un trabajo, sino también conservarlo o adaptarlo cuando se presenta una discapacidad. Esto impacta directamente en la estabilidad económica con la que sostienen a sus familias.
Estas dificultades laborales evidencian una falta de oportunidades y de condiciones de igualdad que sigue siendo una deuda pendiente en el ejercicio de los derechos laborales de las personas con discapacidad.
Como consecuencia, la relación con sus hijos puede verse afectada en algunos casos, no por falta de interés o de afecto, sino por las condiciones económicas y sociales que enfrentan.
Aunque los derechos están reconocidos en la ley para todas las personas, en la práctica no siempre se ejercen en igualdad de condiciones, mientras que las obligaciones se exigen por igual.




