Oved Contreras
Secas Mecas
La Fiscalía General de la República avanza en las investigaciones sobre la muerte del diputado federal morenista Zenyazen Escobar, sin descartar hasta ahora ninguna hipótesis, aunque las voces oficiales apuestan por la narrativa del suicidio.
La pregunta de fondo, entonces, no es si Zenyazen Escobar se quitó la vida o si alguien se la quitó. Es por qué el aparato de comunicación del Estado de Veracruz salió a hablar antes de tener esa respuesta, y por qué necesitó dos voceros para decir dos cosas distintas. En un país donde la violencia política ya cobró decenas de vidas de funcionarios y candidatos en los últimos ciclos electorales, la velocidad con la que se construye o se contiene una narrativa oficial dice tanto sobre el poder como cualquier peritaje.
La Fiscalía General de la República atrajo el caso. Eso obliga a un estándar más alto de transparencia técnica que el que se ha visto hasta ahora. Mientras esa carpeta no se resuelva con evidencia verificable, cualquier conclusión pública sobre lo que pasó en esa carretera es, en el mejor de los casos, una hipótesis de trabajo. En el peor, es la versión que a alguien le conviene que se quede como definitiva, así lo describe Ghaleb Krame Hilal, analista de inteligencia estratégica y seguridad, y fundador de Krame Intelligence & Foresight, en su artículo publicado este lunes en la revista Forbes.
Hay varios trascendidos que serán fundamentales en la resolución del caso Zenyazen. Primero se habla de que el calibre de bala que le quitó la vida al legislador sería diferente al arma que fue encontrada entre sus piernas, y también se sabe de buena fuente que ya revisaron todas las cámaras ubicadas sobre la carretera entre Xalapa y el lugar del evento cerca de Chichicaxtle. Las cámaras de video vigilancia ubicadas por ejemplo en la caseta de Plan del Río, muestran que Zenyazen viajaba solo en el vehículo de lujo Mercedes Benz. La duda es por qué no lo acompañaba su equipo de seguridad.
Ghaleb Krame Hilal escribe en sus redes algunos apuntes sobre el análisis de la muerte de Zenyazen Escobar. Señala que estas son las hipótesis de trabajo, ordenadas de mayor a menor plausibilidad, a partir de los elementos actualmente disponibles y, particularmente, del registro fotográfico de la escena:
1. La hipótesis de mayor probabilidad: el atentado contra el diputado Zenyazen Escobar probablemente fue perpetrado por una persona que él conocía y a quien habría permitido el acceso al vehículo o, eventualmente, habría citado previamente. La ausencia aparente de signos de intrusión violenta resulta compatible con un victimario con acceso previo, autorizado o facilitado por la propia víctima, hipótesis que debe investigarse antes que la de un agresor externo que hubiera irrumpido violentamente en el habitáculo.
2. Existe un elemento balístico particularmente relevante: el arma presuntamente utilizada para producir la lesión mortal sería de un calibre inferior al arma localizada entre las piernas de la víctima. De confirmarse mediante los dictámenes de balística forense, no se trataría de un detalle menor: obligaría a determinar la procedencia, funcionalidad, posición original, huellas de manipulación y trazabilidad de cada una de las armas, así como cuál estuvo efectivamente vinculada al disparo mortal.
3. La hipótesis de un crimen pasional presenta, con los elementos conocidos hasta ahora, una probabilidad baja. No puede descartarse de manera dogmática sin investigar el contexto interpersonal, pero tampoco debe utilizarse como explicación narrativa en ausencia de indicadores objetivos que acrediten un móvil de esa naturaleza.
4. Con base ÚNICAMENTE en la evidencia fotográfica disponible, la hipótesis de suicidio se vuelve cada vez menos probable. Esto no significa que las fotografías, por sí solas, permitan afirmar jurídicamente que se trató de un homicidio. Significa que la posición cadavérica, disposición de las armas, relación espacial entre cuerpo y armamento y mecánica biomecánica del supuesto disparo deben ser compatibles con una conducta autolítica. La simple presencia de un arma junto al cuerpo no acredita quién la accionó ni explica por sí misma cómo llegó a esa posición.
5. Hay otro dato criminalístico que no debe pasar inadvertido: en las imágenes disponibles no se observan daños evidentes en la carrocería, cristales rotos, ventanillas violentadas ni signos externos manifiestos de acceso forzado al vehículo. La ausencia de estos indicadores no descarta un homicidio, pero sí obliga a responder una pregunta fundamental en la reconstrucción de los hechos: ¿cómo ingresó el eventual victimario al habitáculo y bajo qué circunstancias tuvo acceso a la víctima? Si además los peritajes descartan signos de forcejeo o resistencia, la hipótesis de un agresor previamente conocido adquiere mayor relevancia investigativa.
6. Y aquí está un punto que puede resultar decisivo: ojalá las manijas, particularmente las de la puerta del copiloto, no hayan sido manipuladas antes de su procesamiento criminalístico y que se haya preservado íntegramente la cadena de custodia. Esas superficies podían contener evidencia lofoscópica, genética, células epiteliales, residuos o material de transferencia potencialmente útil para establecer quién abrió, cerró o manipuló el vehículo.
En criminalística, sostiene el especialista, una escena no se interpreta a partir de una conclusión previamente elegida. Se reconstruye. La posición del cuerpo, las lesiones, las armas, la balística, los patrones de transferencia, la evidencia lofoscópica, la configuración del habitáculo y la ausencia o presencia de signos de forcejeo deben poder integrarse en una misma mecánica de hechos.
Y cuando una hipótesis oficial no consigue explicar satisfactoriamente todos esos elementos, esa hipótesis debe ser sometida a revisión, no protegida mediante una narrativa.
En su artículo de Forbes, Ghaleb Krame Hilal sentencia que hay dos versiones oficiales que no cuadran, 1 escena que plantea serias preguntas y 3 hipótesis que deben ser esclarecidas con evidencia forense. Insiste que lo que muestran las fotografías no permite sostener un suicidio como conclusión. La pregunta es: ¿qué ocurrió realmente?




