Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel
En el verano de 1985, Octavio Paz le escribió una carta a Juan Soriano donde le dice: “Prefiero no hablarte lo que pasa en México. El país se desmorona. No me refiero a la economía ni a la política sino a algo más profundo: hemos perdido no solo el rumbo sino la conciencia de nosotros mismos. ¿Nos recobraremos? No lo sé. Me siento muy solo…” Fue hace años y parece que fue ayer, o más bien es hoy, porque México se desmorona, ahora políticamente y quizás económicamente porque la lana se va a los bolsillos de ya saben quiénes. A la mayoría de los mexicanos nomás las migajas del Bienestar, porque ni medicamentos ni Megafarmacia ni nada de nada.
¿Hemos perdido el rumbo? Creo que ni siquiera nos hemos dado cuenta que nos han vendado los ojos y pronto va la mordaza. Divide y vencerás, dicen por ahí. Polariza y reinarás, es la consigna.
No somos números, cifras, estadística, mucho menos vivimos de percepción. La realidad nos devora y hasta estamos contentos, total, con que nos den para tragar y no molesten. Pero he aquí que es todo lo contrario: chingan porque chingan. La violencia sigue; el miedo crece; la incertidumbre se ensancha, el futuro es gris, si no es que negro.
Del dicho al hecho… O, mejor, como escribió Efraín Huerta: “Del dicho al lecho, hay mucho trecho”.
Dos planetas se encuentran. El primero le pregunta: “¿Cómo estás?”. “No muy bien”, responde el segundo, “Tengo al Homo Sapiens”. “No te preocupes”, replica el otro, “Yo también lo tuve. Eso no durará mucho”.
Dicen que donde hay legisladores, no faltan infractores. Vaya usted a saber. Pero creo que donde hay políticos hay infractores. Con excepciones, claro. O, mejor, más mentiroso que un político antes, durante y después de las elecciones.
¡Ay, la mentira! No soy un completo inútil; siempre puedo ser utilizado como un mal ejemplo. Como dice el humor negro: “He visitado a mi amigo en su nuevo departamento. Me dijo que me sintiera como en casa. Así que le eché. Odio tener visitas.”
Muchas veces le huyo a las noticias. Nada que ver con eso de la lista negra de periodistas, medios y demás. Pero en tiempos de hoy, es casi imposible evitar las noticias y no atarantarse, sin querer.
Ivabelle Arroyo, en su artículo “¿A quién quieres engañar?”, escribe: “…leo a la presidenta afirmar que México es el país más democrático del mundo, sobre todo porque elegimos a los jueces mediante votación. Lo segundo es cierto. Lo primero no se desprende de lo segundo. ¿O sí? ¿Somos los más democráticos aunque tengamos contrapesos debilitados? Y si alguien acepta esa afirmación como verdadera, ¿qué se hace con ese dato? ¿Votar por Morena y defenderla de los emecistas (o panistas o priistas) porque hacerlo equivale a defender la democracia?”
Agrega: “¿Mintió Andrés Manuel López Obrador cuando prometió que tendríamos un sistema de salud como el de Dinamarca? Derrida diría que para mentir hay que saber que se está engañando. Si aquello era una promesa, un deseo o incluso una fantasía en la que él mismo creía, la categoría cambia; si sabía que era falso y lo dijo para convencer, entonces estamos en el terreno de la mentira.”
Ivabelle Arroyo dice: “La mejor política para distinguir lo falso y, todavía mejor, para reconocer a los canallas que quieren engañarnos, consiste en combatir con las mismas armas: contenido. Mucho contenido. Contenido variado y contenido aprendido. Información que pasa por un método –es decir, periodismo– y conocimiento adquirido por experiencia, aulas, libros y vida. Contenido suficiente para poder responder con cierta seguridad: ¿a quién quieres engañar?”
Concluye: “la mejor defensa es que seamos difíciles de engañar”. (letraslibres.com, 13/08/2026).
Queda claro, ¿no?
Estaban tres amigos hablando sobre las mentiras más comunes del mundo diario. El primero dice:
—La mentira más grande es la de “Te lo juro, cariño, tú eres la única en mi vida”.
El segundo comenta:
—No, la peor es “El cheque ya viene en camino y está por llegar”.
Y el tercero suspira y dice:
—Qué va, la madre de todas las mentiras es: “Hola, soy del gobierno y vengo a ayudarte de verdad”.
Los días y los temas
Bueno, la verdad, no se la crean. El 11 de noviembre de 1943, en el entonces periódico Novedades, Octavio Paz escribió el texto titulado “La mentira de México”, cuyo tema luego lo retomará en el libro El laberinto de la soledad. Con espíritu visionario y sentido crítico -aunque para algunos no les guste, pero así es la pluralidad e inclusión, ¿no?-, escribió:
“¡La mentira inunda la vida mexicana: ficción en nuestra política electoral; engaño en nuestra economía, que sólo produce billetes de banco; mentira en los sistemas educativos; farsa en el movimiento obrero (que todavía no ha logrado vivir sin la ayuda del Estado); mentira otra vez en la política agraria; mentira en las relaciones amorosas; mentira en el pensamiento y en el arte; mentira por todas partes y en todas las almas!”
Agrega: “Una verdad a medias es más nociva que una mentira completa. Somos un pueblo triste, pero nadie gasta más que nosotros en fiestas; somos un pueblo manso, pero todos los días nos matamos; somos un pueblo sobrio, pero todos nos emborrachamos; la mentira nos envuelve y nadie se engaña a sí mismo con tal natural hipocresía, pero tampoco nadie se dice las cosas con tal desnuda desesperación.”
Paz apunta: “Pues si la mentira torna fantasma cuanto toca, decir la verdad es empezar a existir verdaderamente. He aquí una de las pocas misiones políticas o públicas de los escritores mexicanos, aunque me temo que muy pocos la verán con simpatía.
“Prefieren el ejercicio de la mentira, de la verdad prudente o de la media verdad, de la verdad partida o partidista.”
Quien tenga oídos…
De cinismo y anexas
Pero la verdad verdadera, seamos sinceros. No dejen para mañana lo que pudieron hacer desde ayer. O lo que es lo mismo, no dejemos que se nos acabe el mundo, que se desmorone México.
¿Cómo encuentras a un periodista en una fiesta? No te preocupes; te encontrarán y empezarán a hacer preguntas.
*
¿Por qué el periodista trajo una escoba a la oficina? Para barrer las noticias “principales”.
*
Sobre la mentira:
Llega un hombre a su casa muy tarde por la noche y su esposa lo espera con los brazos cruzados y cara de enojo.
—¡Una mentira más, solo una mentira más y te vas de esta casa para siempre! —le grita la mujer.
El hombre la mira con una sonrisa fingida y le contesta:
—Pero, mi amor, ¿cómo te vas a enojar tanto si eres la mujer más hermosa de todo este planeta?
Ella responde furiosa:
—¡A la calle!
Hasta la próxima.





