Sergio González Levet
Sin tacto
La cosa está así: entre la catarata de ocurrencias y las discusiones que se han dado en el búnker escondido de la Ciudad de México (tan secreto que sólo conocen su ubicación los más cercanos del círculo rojo, y la CIA y el FBI y la inteligencia de los marines gringos) han terminado por quedar solamente dos propuestas.
Una -defendida por los asesores venezolanos- es la de promover sendas concentraciones a favor de la soberanía nacional y de Andy-Andrés Manuel chico, en las capitales de los 31 estados y en la CdMx, e incluso hacerlas crecer a unas 60 al tomar en cuenta ciudades importantes como Veracruz, Cancún, Monterrey, León, Coatzacoalcos, Torreón, etc.
La otra -que impulsan los consejeros cubanos de la Cuarta Transformación- es organizar una superconcentración en el Zócalo de la capital de la República. En ella echarían toda la carne al asador y tendría como orador principal y único, nada más y nada menos que al propio Andrés Manuel López Obrador.
A esta última le han propuesto llamar La Gran Marcha (o La Larga Marcha), en alusión a la égida del Ejército Rojo de Mao Ze-dong en 1934-35, que recorrió 10 mil kilómetros huyendo de las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek.
De regreso a nuestro país y a la época presente, en La Larga Marcha mexicana estarían todos, todos, toditos los protagonistas de la Cuarta Transformación subidos en el presídium y otros en las primeras filas del evento, convenientemente separados de la pelusa con las vallas con las que entorilan a la soberbia.
Estarán allí junto a AMLO, la presidenta Claudia Sheinbaum, los otros tres hijos flanqueando a Andicito, el Gabinete en pleno, la directiva mayor de Morena, los coordinadores de los diputados y los senadores, los gobernadores morenistas, el Gobernador Verde de San Luis Potosí, varios embajadores mexicanos y hasta el sangrón de Epigmenio Ibarra haciéndose guaje con su inservible cámara de video al hombro.
También allá arriba, los directivos de los partidos aliados. Y en la primera fila de sillas, sentaditos y calladitos, los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y otros jueces destacados. Y se trata de llevar el mayor número posible de empresarios de primer nivel, encabezados por Carlos Slim.
Algunos quisieron quedar bien y proponer algunas líneas para el discurso del patriarca, pero éste los paró en seco y amenazó con que escribiría el mensaje solo, cuando mucho con el apoyo mecanográfico y la mala leche de Jesús Ramírez.
La fecha propuesta es el domingo 6 de septiembre, siempre y cuando no haya algún evento o declaración del Gobierno de Donald Trump que obligue a acelerar la celebración del mitin.
El (ex)Presidente está pidiendo que se acarree a 500 mil asistentes, con el fin de que los medios oficiales y los privados que están cooptados manejen una cifra inventada de dos millones de personas en favor del incómodo vástago.
No hay nada seguro todavía, pero la conversación avanza y dicen que el Mesías está muy animado con la idea.
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