Sergio González Levet
Sin tacto
La Auditoría Superior de la Federación del paisano Aureliano Hernández Palacios Cardel descubrió, entre otras muchas irregularidades, que 57 funcionarios del Instituto Nacional Electoral que presidía Guadalupe Taddei Zavala fungían como proveedores del mismo de manera totalmente ilegal.
Ese botón de muestra es apenas un atisbo de la galopante corrupción en que estaba metida la sonorense, que era titular del OPLE de su estado cuando fue electo Arturo Durazo como Gobernador y él mismo fue el que la recomendó con Andrés Manuel López Obrador para que la pusiera al frente del INE como una aliada muy a modo, contrario a lo que había sido Lorenzo Córdoba, un acérrimo defensor de la democracia y de las elecciones limpias y equitativas.
Parece que lo único bueno que pudo hacer en su vida la señora Taddei fue nacer un 26 de junio -al igual que este autor de “Sin tacto”-, pero de ahí en adelante no se le conoce nada productivo o digno de elogio.
Eeeeel pueblo, laaaa gente -como dice burlonamente Claudia Sheinbaum a quienes se atreven a hablar de lo que podrían querer los ciudadanos- espera que además de la salida estrepitosa de la Taddei se le condene a pagar lo que ordena la ley ante cualquier ladronada que cometa un funcionario público.
Por el bien del país y en contra de la impunidad galopante de la Cuatroté, sería bueno que por primera vez la culpable no fuera exonerada de manera rampante como lo han sido Ignacio Ovalle en Segalmex, Francisco Garduño Yáñez en el Instituto Nacional de Migración, los hermanos de AMLO que recibieron dinero en sobres, los hijos del mismo que han sido señalados de enriquecimiento inexplicable y de uso faccioso de su parentesco, Adán Augusto López Hernández y su vinculación con La Barredora… y tantos, tantos, tantos más.
Dicen los que conocieron sus erróneos pasos desde el interior del INE que la ambición de Lupita la de las uñas largas no tenía parangón, y desde el 23 de abril de 2023, cuando tomó posesión como titular del órgano electoral, buscó la manera de hacerse de recursos adicionales a su ya de por sí jugoso sueldo mensual de 120,392 pesos netos, que en un acto de demagogia pura había recortado respecto del sueldo del anterior Presidente, que era de 177,858 pesos cada 30 días.
En los tres años, seis meses y tres días que disfrutó el puesto, la señora Taddei habría amasado una fortunita de muchos miles de millones de pesos o cientos de millones de dólares, según las cuentas que hacen los que conocen el presupuesto que maneja el Instituto Electoral.
Y el hambre de recursos de la hoy expulsada llegó hasta los organismos electorales estatales, que se vieron asediados con amenazas y órdenes de parte de ella para que le entraran a Belén cantando a través de adjudicaciones directas y otros negocios sucios. Hay varios presidentes de órganos estatales que están en capilla porque doblaron la cerviz ante la avidez de la Taddei.
En el OPLE de Veracruz, por cierto, Marisol Delgadillo y sus gentes permanecen muy tranquilos porque aguantaron con valentía las insinuaciones que les llovieron desde la cabeza del INE y ahora que pasó el vendaval saben que cumplieron a los veracruzanos al no dejar que una norteña hambrienta le diera una dentellada a nuestro presupuesto electoral.
No cabe duda de que no hay mejor manera de hacer bien las cosas que tener la conciencia tranquila.




