Inocencio Yáñez Vicencio
Nada bueno puede aportar una visión fetichista de la educación. Menos cuando se equipara educación con instrucción. Claro que necesitamos instrucción para elevar nuestra capacidad industrial, pero necesitamos una educación que nos libere no únicamente de las necesidades sino que también ayude a liberarnos de la guerra de todos contra todos. Para Hannah Arendt, por ejemplo, la política no debe ocuparse de nuestras necesidades. Ella separa plenamente lo que es labor, que se refiere a todas aquellas actividades humanas cuyo motivo esencial es atender a las necesidades de la vida ( comer, beber, vestirse , dormir…), y el trabajo incluye aquellas otras en las que el hombre utiliza los materiales naturales para producir objetos duraderos, la acción es el momento en el que el hombre desarrolla la capacidad que le es más propia: la capacidad de ser libre( en palabras de Manuel Cruz, que hace la introducción a La Condición Humana). No sin razón se considera que vacía la política de contenido social. El politólogo Rafael Del Águila, la llamó » la inclasificable».
Algunos, equivocadamente, equiparan educación con instrucción, cuyo propósito sería preparar la mano de obra y los cuadros directivos que demanda el mercado de las relaciones sociales de producción dominante, haciendo depender la industrialización de un país de su instrucción o educación, según está visión.
También hay quienes sostienen que el progreso depende de los buenos gobiernos. El problema es que no nos dicen que el buen gobierno está fundado, como Bobbio, lo afirmara: de gobierno y oposición y del grado que busca el bien común, pero no un bien común que sólo los iluminados lo puedan conocer sino un bien común salido del debate, la deliberación, la discusión, el consenso y el acuerdo.
Para los que creemos que independientemente de contar con una instrucción de calidad para competir exitosamente en una economía de mercado, es imperioso construir una cultura cívica que permita una convivencia reglada y que nos de certeza a todos para encauzar diferencias y antagonismos.
En un libro de autoría de Gabriel A. Almond y Sidney Verba, que no obstante su buena recepción, fue polémico, tanto que después revisaron, con el título: La cultura Cívica, de entrada nos advierten: Lo que debe aprenderse de la democracia es cuestión de actitudes y sentimientos, y esto es más difícil de aprender. Recuerdo que antes que ellos, en un libro que recoje textos de Fidel Castro, con el rótulo de: Educación y Revolución, el revolucionario cubano sostenía lo mismo: no hablamos de educación o ideología, hablamos de cultura y con ello nos referimos a hábitos, prácticas, rutinas… producidas en siglos, y eso, es muy difícil de cambiar ( aclaro una vez más. No soy anticomunista, porque el anticomunista y el macartysmo, van de la mano del fascismo. El prejuicio y el dogma son reliquias de la barbarie que siempre están al acecho).
Para estos estudiosos , la cultura política se refiere a orientaciones especificamente políticas, posturas relativas al sistema político y sus diferentes elementos, así como a actitudes relacionadas con la función de uno mismo dentro de dicho sistema. En esta obra hacen mención de esa cultura que tiende hacia abajo, hacia cero… y la llama cultura parroquial. El desarrollo de una lealtad hacia un sistema político más complejo, con estructuras de gobierno centrales especializadas, da lugar a una cultura parroquial de súbdito.
Lo más importante: Qué entienden Almond y Verba por cultura cívica?
Dicen: En primer lugar es una cultura leal de participación. Los individuos no sólo están orientados hacia los asuntos input, sino que se orientan pisitivamente hacia las estructuras y procesos input. En otras palabras, y para emplear los términos usados anteriormente, la cultura cívica es una cultura política de participación en la que la cultura y la estructura política son congruentes.
En un trabajo posterior, Gabriel A. Almond , publicado con el título: La historia intelectual del concepto cultura cívica, aclara: En realidad este modelo racional-paryicipativo no podía asegurar por si sólo un gobierno democrático democrático estable. Sólamente si se combinaba en algún sentido con sus opuestos pasividad, confianza, deferencia con la autoridad y competencia seria posible una democracia visible y estable.
Este es el gran reto para quienes creemos en la vía pacífica y sabemos que cerrar esa vía lleva a la barbarie, donde nadie gana.
Cada uno aportemos lo que tengamos para lograr una mejor convivencia. No es fácil avanzar con hábitos y sentimientos ancestrales que nos corroen, pero no hay de otra si en verdad queremos salir del atraso.
No conozco a la alcaldesa Daniela Griego Cevallos, pero , lo cierto es que viene empezando su trabajo al frente de Xalapa y merece un tiempo de gracia. No se le puede culpar de las faltas y agravios que siguen en la administración municipal. Por ejemplo, el lunes en medio de un clima crítico, me tocó presenciar en la recepción de pagos del agua que tienen en Plaza Cristal, falta de personal que oriente y más grave: ver señoras de edad muy avanzada, que difícilmente se sostenían, sin que se les ofreciera una silla, como era en la oficina de las Ánimas, todavía peor, al llegar , les dijeran, después de horas de hacer fila de espera, no puede pagar la anualidad porque el inspector no pudo entrar a su privada, porque no pudo abrir el portón.
No esos no son problemas de la alcaldesa de Xalapa, son inercias que tiene que romper. Confiemos que pronto lo hará.
Qué diferencia. Ese mismo día me tocó ser testigo del excelente trato que la alcaldesa de San Andrés Tlanehueyocan, Lic Arianna Ángeles Aguirre, dispensa a sus contribuyentes, que esperan sentados y hasta se les ofrece a cada rato café.
Sigamos denunciando las fallas y anomalías del poder y con mayor fuerza a los que teniendo como función criticar y cuestionar sus desvíos y arbitrariedades, han escogido ponerse a su servicio, provocando nuestro desprecio y abominación, pero, hagamos un esfuerzo por mostrarle a la sociedad que es posible en la racionalidad, cambiar las cosas con una nueva cultura cívica.



