Naldy Rodríguez
Transparencia 3.0
Se apagó la vida de Melchor Peredo, último exponente del muralismo mexicano, aquel de la corriente socialista y nacionalista que tantos artistas comprometidos con transformar el arte en una herramienta pública, educativa y política dio a México. Movimiento que, como él mismo definía, de servicio a las mayorías.
Sus obras y sus enseñanzas permanecen y, seguramente, lo harán con el correr del tiempo. Su arte dejó verdades iconográficas, que relatan hechos históricos que quedarán para la posteridad. En los muros del Palacio de Gobierno de Veracruz y el Ayuntamiento de Xalapa, o junto a la casa de Hernán Cortés en La Antigua, por ejemplo.
Hace ocho años, recreaba la llegada de la flotilla de Cortés a la costa veracruzana, con pasajes que incluían al mítico emperador Moctezuma, a la legendaria Malinche y al colonizador Gaspar Zúñiga.
Los meses previos, trabajó en la investigación y documentación histórica de los 500 años de la conquista española y lo que más sobresalía en sus pinceladas y trazos eran las imágenes de hombres y mujeres indígenas, queriendo recuperar las raíces identitarias del pueblo mexicano.
Un estudioso profundo, Melchor narró también pasajes de la Revolución y la Independencia de México, dio vida a Ignacio de la Llave y su participación en la Guerra de Reforma; lo mismo que ilustró “la diversidad humana sin guerra” en el Centro de estudiantes Hendrix, Clemson University Clemson.
En una larga charla que compartí con él, por ahí de 2018, me comentó que podía pintar con una vara a más de dos metros de distancia -lo que me pareció una gran proeza- y me contó sobre sus inicios. A los 14 años, cuando dibujó una historieta que para sus parientes era muy buena. Y desde entonces, no pudo escapar del arte.
Defensor del muralismo mexicano, ese que nació con Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros entre 1921 y 1923, soltó una gran carcajada al responder que esa corriente no moriría, mientras él estuviera vivo. “Siguiendo esos principios, el único que los continúa soy yo… de ese muralismo”, esbozó.
¿El mural sigue vivo? Esa misma pregunta se la planteó su esposa, Lourdes Hernández Quiñones. Realizaba un trabajo de tesis sobre el muralismo y, como parte de la misma, lo entrevistó para conocer su punto de vista.
Nació en la Ciudad de México en 1927, vivió en Canadá, Francia y Estados Unidos, pero echó raíces en Veracruz, particularmente en Xalapa, donde se le podía ver pintando, restaurando o enseñando. Siempre de buen humor.
Melchor Peredo fue un gran artista, el último exponente del muralismo postrevolucionario, pero sobre todo un gran ser humano, que no sólo enseñaba con sus pinturas cargadas de historia y realidad, también aleccionaba con sus palabras y con su ejemplo. Un hombre que vivió al servicio de las mayorías.
X@ydlan



